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todo o nada en el muac
curada por Patricia Sloane y Jorge Reynoso
participan Gabriel Orozco y Miguel Calderón
27 marzo- 25 julio
exposición colectiva
Entre las políticas que guían el diseño del programa de exposiciones del MUAC, se encuentra la organización de una muestra anual dedicada únicamente a su acervo, además de estimular la presencia de sus obras en las exhibiciones que cubren temáticas específicas en los ciclos el museo.
Esta muestra que reúne obras del acervo del MUAC y de sus colecciones asociadas Charpenel-Guadalajara y Grupo Corpus, es parte del ciclo curatorial Hechos y delirios: soporte, materia, trabajo.
Artista-materia-labor-espacio-concepto.
Todo a nada busca presentar algunas de las prácticas que siguen emergiendo en la producción artística contemporánea, especialmente aquellas que -a lo largo del siglo XX y hasta el presente- han trastocado las nociones de lo objetual y lo conceptual, la manufactura y la pre-fabricación, la inversión de esfuerzo y la delegación del trabajo.
El punto de partida de esta selección se remonta a los postulados que despuntaron con el arte moderno a mediados del siglo XIX, al acentuarse la preeminencia de la manufactura y del esfuerzo físico individual como sello y evidencia del triunfo de la libertad en el contexto de la industrialización. Todo a nada es un ejercicio que enfatiza y pone en valor la transformación o dislocación de la práctica artística desde el rompimiento que provoca Marcel Duchamp hace ya un siglo, para justamente potenciar las posibilidades de la obra de arte y de su estética, privilegiando los valores conceptuales, de proceso y de exhibición: “son los que miran los que hacen los cuadros” (M. Duchamp).
Gran parte de la selección conviene en obras que revelan nuevas interpretaciones de materiales y objetos existentes, mediante intervenciones que alteran el contexto e involucran al espectador en una nueva experiencia y percepción de la realidad. En este sentido, el conjunto de obras busca evidenciar las muchas maneras en que la obra participa hoy de la máquina social, tras liberar al arte del peso de la representación, otorgándole al artista un rol no sólo como ese creador de un lenguaje único, sino también como el libre productor de su imaginario.
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