back

marginalia

iñaki bonillas
kurimanzutto nueva york
octubre 5 - diciembre 7, 2019
image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

image

marginalia, kurimanzutto new york, 2019

kurimanzutto se complace en presentar Marginalia, la primera exposición individual de Iñaki Bonillas en el espacio de Nueva York.

 


En la pintura y la escultura todo empieza con un original —único, inamovible— y después vienen las copias. Los libros de arte están llenos de eso: de duplicados que intentan reproducir ese origen, a veces con gran fidelidad, otras sin respeto alguno por lo que había al comienzo. La fotografía, sin embargo, es siempre una reproducción o copia de sí misma. Como observó el experto en fotografía David Campany, “un pintor no puede pintar su pintura y entonces decidir qué tan grande va a ser o de qué material estará hecha”; esas variables son inherentes a la obra desde el inicio. Un fotógrafo sí puede, porque la imagen fotográfica no tiene una relación esencial con la escala o el material que se elija para presentarla. El fotógrafo, nos dice Campany, toma la foto y decide después: “¿es una imagen que sólo va a verse en el teléfono o se va a imprimir? ¿Va a ser un espectacular, una camiseta, una impresión artística o la portada de un disco?”. De ahí que cuando vemos una fotografía lo que en realidad tenemos delante es una cadena de decisiones, que va desde el encuadre original hasta la última presentación de la imagen. Alguien decide, por esta vez, mostrarla de tal modo —grande, brillante, en blanco y negro—. Otras veces, en cambio, la misma imagen puede aparecer de una manera tan distinta —minúscula, mate, a color— que difícilmente recuerde a la otra. Uno de los destinos naturales de las fotografías, por tanto, son los libros; ahí viven felices, en calidad de lo que son: sucedáneos.

 


Para esta exposición Iñaki Bonillas decidió trabajar con libros de fotografía, porque le parecen espacios en los que las imágenes pueden desenvolverse con gran libertad. Basta buscar la misma fotografía impresa en dos o tres libros para entender que en realidad no sabemos nada de ella, pues, en sus múltiples desdoblamientos, a veces es sepia, a veces blanco y negro, a veces amarilla. El encuadre cambia tanto como el tamaño, el contraste e incluso la calidad, dependiendo del método de impresión. ¿Alguna de ésas es mejor que las otras? Imposible decirlo. Otro rasgo distintivo de los libros es la manera en que se disponen las imágenes sobre las páginas: en ocasiones aparecen solas, ocupando holgadamente el ancho y alto del papel; en otras, no obstante, se presentan en grupo, formando retículas o, incluso, composiciones de lo más inesperadas. Hay páginas de libros que llegan a tener diez o doce imágenes tan diminutas que parecen colecciones de timbres más que otra cosa. Bonillas, un artista siempre atento a lo parafotográfico, pronto reparó también en la peculiaridad, pues, de los caminos, casi siempre blancos, que se forman alrededor de estos conjuntos. Y de ahí nació Marginalia: una serie de collages en los que el margen ha pasado a ocupar el centro de la composición y los pedazos de fotografías construyen pequeñas narrativas alrededor de estos senderos blancos que, laberínticos, nos llevan de un lado a otro del panel. Una manera de acercarse al hecho fotográfico, pero desde la orilla, alejándose del corazón de las imágenes para observarlas de manera oblicua. Ahí, lo que resalta es lo que no parece importar demasiado, pero que en realidad es parte fundamental del consumo cotidiano de fotografías; todo eso que, por estar precisamente en el borde, revela con claridad cómo solemos relacionarnos con estas imágenes, que más que cuerpos sólidos —como serían las pinturas— se han vuelto cada vez más líquidas y fluidas.

 

 

Voyage autour de ma chambre

El viaje narrado por Xavier de Maistre a finales del siglo XVIII, sin duda la primera expedición alrededor de una habitación de la que se tiene conocimiento, es lo que dio pie a esta obra de Iñaki Bonillas, para la cual el artista decidió llevar a cabo un ejercicio cercano al del autor que, habiendo desafiado la norma de la época de no batirse a duelo, hubo de pasar seis semanas al margen de la sociedad, encerrado en su propia recámara. Desde ahí relató las aventuras que están inspiradas, no por exóticos lugares, sino por los muebles y objetos que el personaje tiene a la vista —lo cual no hace el viaje menos apasionante y divertido—. Bonillas, entonces, se propuso llevar a cabo esta obra sin tener que moverse de su estudio, dedicando meses a buscar en línea postales de viajes hechos por otras personas y que, por sus imágenes, cada una parecía ilustrar uno de los episodios narrados por De Maistre en su pequeña novela autoparódica. Así, el artista también jugó a viajar por todas partes, sin tener que salirse de los confines de su taller. Las postales, entonces, sirven como acompañamientos visuales de una posible edición de este libro, sólo que aquí el texto completo, en lugar de encontrarse en las páginas de un cómodo volumen, aparece comprimido en el reverso de las 42 postales, una por cada capítulo, como si fueran las notas que alguien envía desde ese mundo que queda justamente afuera de esa habitación infranqueable. O, tal vez, en este caso sería más adecuado decir: las notas que alguien envía al artista desde los márgenes del más allá. Una novela en 42 pequeños recuadros, mitad imagen, mitad texto para leerse con lupa.

 

 

Virutas

Esta serie fotográfica realizada para esta exposición está hecha convocando la vieja tradición del uso del azar como herramienta principal del proceso de trabajo. En este caso, recopilando las virutas que quedan después de refinar los márgenes de distintas fotografías, el artista procedió a recoger estas formas aleatorias, dejándolas caer después sobre una mesa, para que ellas mismas se acomodaran como mejor les pareciera, y entonces proceder a fotografiarlas, en un intento por llevar nuevamente al centro lo que queda al margen, lo que parecería nimio y desechable. De este modo, las delicadas y sinuosas virutas se convierten en esculturas fortuitas que el artista ha traído, también, al centro de la galería.

Artistas relacionados