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moby dick

damián ortega
kurimanzutto
25 de marzo, 2004
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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

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moby dick, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2004

«Para Moby Dick [...] Ortega consagró un escenario para su sedán: un trío de rock con la batería como elemento visual central, la demarcación circular de los espacios inviolables y el auto amarrado a unas resistentes cuerdas. En el momento de la acción, la música de Led Zeppelin creció de la afinación a la catarsis y, paralelamente, Ortega y sus colegas forcejaban con el automóvil en un intento de domesticarlo –frenar su escape. La tensión que generaba el acto de lucha por el poder de la situación condujo, al mismo tiempo, hacia una transformación del espacio, hacia la liberación –pero también el control– del objeto deseado [...] la tensión entre sus partes que pareciera sugerir un anti-homenaje a la batería de John Bonham, y al acto de desesperación y creación –transformación– que conlleva el enfrentamiento del objeto a las ideas.»

(1) Pimentel, T. (2008) Desde la fragmentación del tiempo y el espacio, catálogo de la exposición Las implicaciones de la imagen, 12 abril - 29 junio 2008, MUAC, Ciudad de México, pp. 86.

 


El jueves 25 de marzo de 2004 a las 21:30, Damián Ortega se enfrentó en una pelea física contra su viejo vocho blanco en el tercer nivel del estacionamiento de un supermercado de la ciudad de México. Esta acción nocturna fue una lucha corporal entre artista y máquina en la que, con una serie de cuerdas y poleas, Ortega intentó controlar los movimientos de un Volkswagen blanco modelo Beetle que se deslizaba en el suelo cubierto de grasa. Al fondo, una banda tocaba en vivo Moby Dick de Led Zeppelin.

 

La acción Moby Dick es un trabajo performático en el que el artista intenta domar el coche como la ballena blanca de Melville. La lucha hace referencia las mitologías del hombre contra la naturaleza, del hijo pródigo y narrativas similares de lo heroico en el contexto de una cacería urbana contemporánea. En paralelo, los músicos tocan el legendario solo de batería de John Bonham como acompañamiento y texto aural. Damián Ortega parece encontrar un continuo histórico entre su particular visión de la mitología contemporánea y la búsqueda de una identidad cósmica para convertirla en una manifestación cultural humana.

 


comunicado de prensa original:
La obra de Ortega nos confronta con una caricatura mitológica, una odisea doméstica donde el heroísmo es un acto tan banal como encender el automóvil en segunda. Una cacería ceremonial, ubicada en una pseudo caverna paleolítica. Una experiencia sagrada que se cobra por hora o fracción. Cien pesos el boleto extraviado.

 

La música también tiene un referente mítico que se remonta por ejemplo a la tradición de los tambores como un vehículo de transporte de almas. La improvisación habla de una experimentación sonora y de un ritual pagano. Moby Dick es un homenaje a John Bonham y Led Zeppelin.

 

Una herencia de energía contenida entre líneas y poleas, desde el primer Adán hasta nuestros días. La férrea voluntad de domar y domesticar bestias ahora se presenta como un combate corporal, con un vigoroso Beetle 1600 afinado y verificado. Tenencia pagada.

 

EI forcejeo es la técnica y el obstinado rigor que ha cubierto nuestras manos con hule y carnaza, inventando tantas reglas y herramientas como palabras hay.

 

Ahora tenemos el valor del cuchillo, pero no el de la sangre.

 

La fricción, la tensión y la contención son los elementos de este trabajo; un conjunto de fenómenos físicos y técnicos como botar el clutch, sacar el freno y acelerar. Luego neutralizar a la bestia y drogarla con grasa Roshfrans en los neumáticos: limar ligeramente los cuernos del toro para que pierda la proporción de la distancia.

 

Aunque en muchos objetos naturales la blanco aumenta refinadamente la belleza (como si impartiese alguna virtud especial a los mármoles, camelias japonesas y perlas); Todavía no hemos solucionado el hechizo de esta blancura, ni hemos aprendido el porqué atrae con tanta energía al alma. Siendo al mismo tiempo un símbolo cargado de espiritualidad y un agente intensificador de las cosas que aterran, repugnan y repelen a la humanidad. El tiburón, el tigre, el toro blanco han sido interpretados en la mitología como animales demoniacos.

 

Quien toma las riendas se encuentra con algo ya vivido: la soga se reconoce en el guante, la mano se anima cuando lo hace el metal, sin nostalgia alguna revive sus instintos básicos y regresa a casa con la presa empacada y pasteurizada.

 

Grasa, cera, un corsé y unos filetitos para empanizar.
Otro miércoles de plaza
En la comercial.