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my generation

daniel guzmán
kurimanzutto
1 de julio - 5 de septiembre, 2009
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my generation, kurimanzutto, ciudad de méxico, 2009.

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"Siempre hay algo, que un hombre debe hacer a tiempo"
-William S. Burroughs

 

Este proyecto de dibujo tiene su origen en varios cruces de caminos que, a lo largo de más de quince años, fueron ocurriendo de una manera bastante misteriosa y hasta ahora se muestran al público en su totalidad. Se trata de un proyecto que reúne a un grupo de dibujantes mexicanos que han desarrollado este género predominantemente en el cuerpo general de su trabajo.

 

El primer cruce de caminos se da a finales de los años ochenta cuando comencé a estudiar en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, la ENAP, con la intención de realizar la licenciatura en diseño gráfico debido a una especie de temor interior de terminar sin trabajo y sin un futuro si estudiaba la carrera de artes visuales y me “volvía artista”. Pasé un año aburriéndome horrores y concluyendo que no tenía nada que perder si cambiaba de carrera, ya que tampoco me había hecho muchas expectativas de poder vivir del arte pues nunca pasó por mi cabeza terminar haciendo esto que hago ahora. En mi familia nadie se había dedicado “ni se dedica hasta la fecha” a ninguna actividad relacionada con las bellas artes, tampoco tuve una infancia dentro de un “ambiente cultural” propicio para ejercitar mis “habilidades naturales” como dibujante. En fin, cambié de carrera y, por una circunstancia afortunada, una amiga estudiante de diseño tomaba clases de composición básica con un maestro que fue fundamental en mi desarrollo como artista visual y en mi vida: el maestro Tomás Gómez Robledo, quien me admitió como oyente en su taller, en el que descubrí el trabajo de Henri Matisse, Paul Cézanne y Max Beckmann principalmente, además de Rembrandt y Goya, entre otros.

 

El segundo cruce de caminos sucedió cuando el maestro Gómez Robledo me presentó al maestro Gilberto Aceves Navarro para intentar integrarme a su taller de dibujo. La primera vez que vi al maestro Aceves Navarro me impresionó y me asustó su desparpajo, humor y franqueza al cuestionarme sobre mis intenciones para entrar a su taller y hacer arte; creo que lo único que alcancé a murmurar fueron puras vaguedades. Fue allí donde realmente me sumergí en un trabajo serio, obstinado y disciplinado en el dibujo y en general; pero sobre todas las cosas, encontré en el dibujo un “sitio” para observar el mundo o, mejor dicho, desde dónde poder dejar entrar al mundo. Fue la pasión y el trabajo diario lo que el maestro Aceves nos demandaba todo el tiempo en el taller, nada de titubeos provocados por la búsqueda del “éxito”, el “futuro económico” y la “carrera como artista”. Sangre, sudor y más horas de trabajo era lo que exigía de cada uno — compromiso con lo que estábamos haciendo. Sin duda el trabajo dibujístico del maestro Aceves Navarro ha sido de los más arriesgados y persistentes en la escena del arte en México, sus obsesiones y pasiones por los grandes maestros del dibujo, lo han llevado a formarse un vocabulario visual muy personal y único, llámenle como quieran, “nueva figuración”, “abstraccionismo figurativo”, etc., etc. Le importan un comino las etiquetas, él sigue y sigue trabajando con pasión por lo que cree.

 

El tercer cruce de caminos de este proyecto surgió porque el maestro Aceves Navarro ha sido un formador de artistas visuales a lo largo de no sé cuantos años, entre ellos de una manera directa o indirecta de Germán Venegas, Roberto Turnbull y Mariano Villalobos, cuyo trabajo está incluido en este proyecto. Como parte de mi formación como artista visual recuerdo las exposiciones de Germán Venegas y Roberto Turnbull en varias galerías y museos de la ciudad de México en los años ochentas y principios de los noventas, que de una u otra manera influyeron en muchas personas de mi generación. Mariano Villalobos y yo nos conocimos en una reunión fiesta que tenía el maestro Aceves en su taller. Fue la primera persona que me habló y más adelante me prestó un libro del escritor Charles Bukowski. La fiesta, al lado de Mariano era como estar viviendo una situación totalmente “bukowskiana”, intensa y llena de un humor genuinamente extravagante, además de que hicimos conexión inmediata por la música de rock que tantas horas de celebración y compañía nos ha dado a los dos hasta ahora. De alguna manera la personalidad de Mariano se quedó en mi memoria como una especie de soundtrack de una época de la vida artística en México, una época de celebración a la vida, a la aventura de vivir en los barrios de una ciudad tan grande y monstruosa como el D.F.

 

Creo que ese ambiente marcó el trabajo de muchos artistas más a lo largo y ancho de la década de los noventas. Para mí fue una especie de fiesta interminable, un sitio en donde el intercambio de experiencias y de información se daba de manera muy sencilla. Germán Venegas, Roberto Turnbull y Mariano Villalobos sin duda representan maravillosamente a esa generación que creció al lado del trabajo del maestro Aceves Navarro, y cada uno encontró su propio camino y presencia en la escena del arte en México.

 

Simultáneamente, en esa época descubrí junto con mi amigo –el también artista y estudiante de La Esmeralda– Daniel Ugalde, a otros dibujantes que se quedaron en mi gusto personal y que ahora incluyo en este proyecto: Vlady y Julio Ruelas.

 

El dibujo de Vlady llegó a mis manos por medio de un pequeño libro que publicó la UNAM en la década de los ochenta y desde entonces me gustó su trabajo. Es una artista difícil de clasificar. Visto muy superficialmente, su obra tiene un aire erótico-fantástico o surrealista detrás del que se oculta su interés por los grandes maestros como Tiziano, además de todo su pensamiento comunista —influencia de su padre, el escritor exiliado de la URSS Víctor Serge—. En fin un ave rara.

 

En el paisaje de la plástica mexicana, se presenta la obra de otro gran solitario: Julio Ruelas, de quien no tengo mucho más que decir; es un gran dibujante decadentista y romántico de altos vuelos, que está siendo revalorado hasta ahora.

 

El penúltimo cruce de caminos es la serie de dibujos La verdad, que José Clemente Orozco realizó para una muestra en el Colegio Nacional en 1945. De entre toda la producción que el maestro desarrolló a lo largo de su carrera, este modelo de dibujo es, sin duda, el que más me ha interesado tanto en términos formales como temáticos; se trata de un tipo de obra catártica, ejecutada de primera intención, que mezcla de manera libérrima obsesiones, ironías y críticas, y en la que Orozco reúne todos sus conocimientos en el arte de dibujar. Este serie es un híbrido entre la figuración expresionista de la escuela alemana de la nueva objetividad (representada especialmente por Beckmann, Dix y Grosz), la caricatura y el dibujo automático.

 

La obra de Orozco alude a un todo fragmentado, destrozado y reconfigurado que refleja el México bárbaro de siempre, basurero que somos todavía, un campo de batalla injerto en cualquier lugar del este mundo “civilizado”. Considero que la serie La verdad ejemplifica uno de los momentos más intensos para este género en México, en el que pudieron confluir “como en una hoja en blanco o un espacio sin tiempo concreto” distintas formas de aproximarse, ver y entender el dibujo. Esta serie del maestro Orozco ha sido sin duda un referente necesario para las generaciones más jóvenes de artistas que surgieron paralelamente al descenso de la hegemonía de la escuela muralista mexicana.

 

Como mencioné, el proyecto se planteó inicialmente como una exposición de dibujo conformada en su mayoría por artistas que han desarrollado su producción en México, considerando el trabajo de José Clemente Orozco como la base de esta visión del dibujo, que es la que más me apasiona e interesa en mi quehacer personal; sin embargo la imagen del campo devastado me motivó a mirar nuevamente hacia atrás y re-situar el punto de partida para My Generation, esta vez localizándolo en la serie La Guerra de Otto Dix de 1925, pues representa la crudeza moral y física que distinguió la primera mitad del siglo XX.

 

Ahora sí finalmente para cerrar este cruce de caminos que llevo recorriendo desde que dejé la ENAP, incluyo en esta exposición a José Luis Sánchez Rull, Philip Guston, Paul McCarthy. Su inclusión obedece a que el trabajo de los tres abunda en esta serie de cualidades que todos los demás artistas de este proyecto comparten: fidelidad y entusiasmo por el dibujo y, sobre todo, porque conservan un espíritu expresivo, catártico, humorístico y ácido que recorre a la “generación” de artistas que he logrado reunir. También porque representan eso que ahora se llama “dibujo contemporáneo” –lo que sea que eso signifique–. Está claro que no me interesa en absoluto limitar mi trabajo a ese campo, ni el de otros artistas a un tiempo y espacio concretos. Mi amor por el dibujo viene de otra parte y esta exposición es un intento de mostrarlo.

 

Por último, agradezco a Mónica y Pepe por su apoyo incondicional a este proyecto. A Carmen Cebreros, Abraham Cruzvillegas y de manera muy especial a Amelia Hinojosa por su ayuda a lo largo de estos dos años para la realización del proyecto. Le dedico este proyecto a todos mis maestros, amigos y compañeros de la ENAP.

 

Daniel Guzmán
México, D.F., febrero 2007 - abril 2009

 

Lista de artistas:

Gilberto Aceves Navarro (1931)
Otto Dix (1891-1969)
Philip Guston (1913-1980)
Daniel Guzmán (1964)
Paul McCarthy (1945)
José Clemente Orozco (1883-1949)
Julio Ruelas (1870-1907)
José Luis Sánchez Rull (1964)
Roberto Turnbull (1959)
Germán Venegas (1959)
Mariano Villalobos (1953)
Vlady (1920-2005)