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haegue yang en - an opera for animals

para site - hong kong
marzo 23 - junio 9, 2019
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vista del espacio de para site, hong kong. 

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haegue yang, the intermediate – adorned frosty shield, 2018

foto: chunho an. cortesía de kukje gallery, seoul

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vista del espacio de para site, hong kong. 

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haegue yang, the intermediate – adorned frosty shield, 2018

foto: chunho an. cortesía de kukje gallery, seoul

La palabra "Ópera" se ha usado para describir varias tradiciones de performance, entretenimiento y trabajos espirituales de todo el mundo. Muchas de estas tradiciones son antiguas y muy diferentes entre sí, sin embargo, están clasificados como variantes regionales del (relativamente joven) modelo occidental. Pero más que ser otro ejemplo de la taxonomía colonial persistente, trae a discusión el estado de la ópera como la forma de arte más alta, que refleja el proyecto colonial europeo. Existe una superposición cronológica casi perfecta entre la edad de oro de la ópera occidental y la ocupación europea en la mayor parte del mundo, a fines del siglo XIX y principios del XX. También existen los casos obvios de óperas construidas sobre deseos exóticos como Turandot y Madama Butterfly o el caso de Aida, encargado de la inauguración del Canal de Suez. Pero hay más en esto que una simple coincidencia cronológica.

 

La escala de ambición necesaria para imaginar la forma de arte absoluta que era la ópera, con el objetivo de organizar cada aspecto e implicación de la experiencia del espectador, está íntimamente conectada a ese momento de absoluta arrogancia cuando Europa imaginó que podía dominar y reorganizar el mundo entero. Pero la ópera europea no era solo una forma de entretenimiento burgués, ni siquiera una que celebraba la gloria de la conquista imperial. Estos espectáculos totales, que se llevaron a cabo en algunos de los edificios más grandes erigidos en este período —en la simbólica posición urbana que antes ocupaban las catedral—, con una sociedad perfectamente organizada por clase enfrentada a una elaborada escena en el escenario, fueron en muchos aspectos experiencias cuasi religiosas, donde la gloria europea no era solo un tema de la actuación, sino una apoteosis extática vivida colectivamente.

 

Esto sucedía mientras Europa se enorgullecía de su racionalidad moderna, viéndose en oposición al mundo "animista" de los pueblos que ocupaba al mismo tiempo. La visión moderna, profundamente conectada con el proyecto de colonialismo, también cambió la relación física, emocional y simbólica entre humanos y animales, elevando el estatus de los humanos, en una visión radicalmente diferente de muchos sistemas autóctonos de conocimiento y valor. Pero la ópera europea contenía las pistas que exponían esta farsa, ya que estaba lejos de su afirmación oficial de un espectáculo secular, que divertía a una sociedad moderna. Los fantasmas, los monstruos y los animales sagrados de los imperios europeos siempre han perseguido estos teatros de óperas, donde fueron sacrificados, canalizados y encarnados dentro de los grandes santuarios de la modernidad.


En An Opera for Animals se interesan en cómo estas complejidades siguen vivas, incluso después de la desaparición de la era colonial y de la ópera occidental como una forma de arte plenamente viva. Como una discusión paralela, incluye conexiones menos discutidas entre la música clásica europea y otros sistemas de música. Más ampliamente, la exposición analiza diferentes actos en escena que han sido cruciales para nuestra imaginación de la modernidad. Los conflictos de organización, control, ocultación y represión que ocurren dentro del espacio de la ópera son el núcleo de nuestra realidad contemporánea, definida por verdades construidas y "alternativas", mundos paralelos digitales, autoestima de identidades personales y la creciente promesa palpable de un nuevo giro tecnológico en el campo de la inteligencia. Como tal, la exposición comprende la ópera y temas relacionados, como la "puesta en escena" y el "entorno de la ópera" en términos generales, como términos que describen los paisajes sintéticos imaginados y generados en nuestro mundo actual. Igualmente, el espíritu animal conecta las creencias antiguas todavía muy presentes con un miedo altamente futurista de nuevas formas de irracionalidad e inteligencia que colonizan nuestro futuro. El mundo de la tecnología continúa tomando influencia de las características únicas de ciertas especies animales, haciendo cumplir esta conexión.

 

Esta exposición explora la forma en que el futuro ahora se proyecta menos como el pensamiento racional comúnmente recordado de la era de la posguerra (maquinaria avanzada, diseño y formas sociales), y una vez más explorada como un lugar de miedo amorfo, de animales que podrían apoderarse en paisajes artificiales. El futuro parece que, volverá a ser una ópera para animales.

 

Curada por Cosmin Costinas y Claire Shea.

 

Kenojuak Ashevak, Shuvinai Ashoona, Firelei Baez, Julie Buffalohead, Lee Bul, Chen Qiulin, Ali Cherri, Clara Cheung, Narcisa Chindoy, Lok Chitrakar, Chto Delat, Cui Jie, Cui Jie, Juan Davila, Heri Dono, Ticio Escobar, Jes Fan, Sofia Ferrer , Familia Fifita, Chitra Ganesh, Beatriz González, Ho Tzu Nyen, Vivian Ho, Saodat Ismailova, Ilya y Emilia Kabakov, Alexander Kluge, Lawrence Lek, Candice Lin, Euan Macdonald, David Medalla, Barayuwa Munuŋgurr, Ciprian Mureşan, Adam Nankervis, Kelly Nipper, Gabriel Pareyon, Gary Ross Pastrana, Tim Pitsiulak, Gala Porras Kim, Christoph Schlingensief, Simon Soon, Angela Su, Tao Hui, Wang Wei, Ming Wong, Haegue Yang, Yang Shen, Yee I-Lann, Samson Young, Robert Zhao Renhui, Constanze Zikos

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