kurimanzutto Nueva York presenta Lilia Carrillo: Mañana de octubre, una exposición que reúne pinturas y obras sobre papel realizadas entre 1948 y 1974. Nacida en la Ciudad de México en 1930, Carrillo fue una figura central en el desarrollo de la abstracción en México. Formó parte de la Generación de la Ruptura, cuyos artistas desafiaron las tradiciones figurativas y nacionalistas predominantes. Desarrolló su propio enfoque a través de una experimentación constante con el color, el espacio pictórico y los materiales. La exposición da cuenta de esta exploración y reúne principalmente obras de la colección personal de Carrillo, que su esposo, el escultor Manuel Felguérez, conservó después de la muerte de la artista.
En la entrada de la exposición, Autorretrato escolar (1948) nos presenta a una joven artista que ya tenía clara su vocación. Después de formarse en La Esmeralda, en la Ciudad de México, Carrillo continuó sus estudios en París entre 1953 y 1955, donde entró en contacto con la pintura de las vanguardias europeas. Realizada a su regreso a México, Mudo espía mientras alguien a mí voraz observa (1956) combina estructuras geométricas y diagonales dinámicas en un paisaje imaginario, que revela su progresivo alejamiento del realismo.
El lenguaje artístico que Carrillo estaba desarrollando se nutrió de las formas de abstracción surgidas del surrealismo en México, en particular de la obra de Wolfgang Paalen y Alice Rahon. La concepción que ambos tenían de la pintura como una manera de dar forma a algo que aún no existe en el mundo la alentó a experimentar. En El regreso de los pájaros (1957), las pinceladas se superponen en capas densas hasta configurar formas oscuras sobre un fondo ocre. El título evoca el vuelo de las aves, mientras que las formas pintadas mantienen su ambigüedad. “En mis cuadros siempre hay algo que recuerda a algo, puede ser una letra, puede ser una manita”, comentó Carrillo al hablar de su acercamiento a la abstracción, “como que necesito humanizar la cosa geométrica.”
Un viaje a Nueva York y Washington, D. C., entre 1959 y 1960 acercó a Carrillo al expresionismo abstracto y amplió su exploración del gesto, la textura y las cualidades expresivas de la pintura. En el espacio abierto y atmosférico de Abstracción (1961), las formas flotan, se condensan y se disuelven, sugiriendo un mundo en pleno proceso de creación. Los textiles le ofrecieron otra manera de construir el espacio pictórico. En Mañana de octubre (1964), obra que da título a la exposición, Carrillo combinó capas de pintura y tela. La trama visible del tejido introduce una cuadrícula en la composición gestual, mientras que el juego de colores, texturas y luz evoca ese momento fugaz que sugiere el título. Su exploración de los textiles se extendió de la superficie de sus cuadros a los escenarios. La exposición incluye un estudio de vestuario para la puesta en escena de La sonata de los espectros de 1961, una de sus colaboraciones con el director de teatro experimental Alejandro Jodorowsky. En este estudio, un textil de trama abierta define la silueta de una figura sobre un fondo oscuro.
Las imágenes impresas también fueron parte de su experimentación material. En Sin título (ca. 1960), una postal de San Antonio, Texas, aparece entre retazos de tela de trama abierta. En Sin título (ca. 1970), los recortes de periódico y un fragmento de un cómic de Superman quedan parcialmente visibles bajo tenues capas de pintura. Carrillo distinguía su tratamiento de estos materiales del de los artistas pop, destacando cómo disolvía las imágenes hasta llevarlas a la abstracción: “Yo los desintegro, hasta que se funden, esfuman, desaparecen, existen sutilmente como pequeños detalles”.
Estas exploraciones confluyen en Premonición (1970). En esta obra, trazos que recuerdan la escritura entrelazan amplios campos de color blanco y marrón oscuro, mientras que franjas de color se concentran en la parte superior derecha. Ese mismo año, Carrillo sufrió un aneurisma en la médula espinal que la dejó parcialmente paralizada y la obligó a interrumpir su práctica. Tras un proceso de rehabilitación, retomó la pintura a finales de 1972.
Sus últimas obras muestran la diversidad de sus recursos artísticos. En piezas de 1973, intervino sus propias litografías con pintura, dibujo y collage, transformando a mano las composiciones impresas. En cambio, en Sin título (1974), tenues líneas de grafito y toques aislados de color aparecen sobre una superficie casi vacía. La pintura parece inconclusa, aunque se desconoce si Carrillo la consideraba terminada. Su muerte a los cuarenta y tres años truncó una trayectoria distintiva y en plena madurez, cuyas posibilidades expresivas siguió ampliando hasta sus últimas obras.
La exposición abarca más de veinticinco años de la trayectoria de Carrillo y se suma al renovado interés académico e institucional por su obra, ofreciendo una mirada más precisa sobre su singular aportación a la abstracción. La muestra se basa en investigaciones recientes y en la gran retrospectiva que se llevó a cabo en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y en la reciente presentación de su obra en la Americas Society de Nueva York. Los materiales de archivo exhibidos junto a las obras permiten conocer más a fondo su vida y su práctica artística. La muestra está acompañada por una nueva publicación con ensayos de Daniel Garza Usabiaga y Megan Kincaid.