Carlos Amorales ha desarrollado una práctica multidisciplinaria que recurre a técnicas analógicas y digitales para construir universos ficticios, a través de los cuales examina las tensiones y contradicciones de la vida contemporánea. Su trabajo abarca el dibujo, la animación, la instalación y la experimentación gráfica para crear narrativas visuales que exploran las estructuras de poder, los procesos de transformación social y cultural y las fronteras entre la imaginación humana y la producción tecnológica. En Anteparaíso, su cuarta exposición individual con kurimanzutto y la tercera en la galería en la Ciudad de México, el artista presenta una serie de personajes imaginarios cuyas interacciones se desarrollan a través de secuencias de dibujos y animaciones. La exposición toma su título del poemario Anteparaíso (1982), del chileno Raúl Zurita, que evoca un lugar o una condición anterior al paraíso. En la obra de Amorales, el universo que crea alberga tanto la promesa de salvación que parece ofrecernos la inteligencia artificial como el apocalipsis con el que nos amenaza.
La exposición comienza con Anteparaíso, una instalación monumental inspirada en la novela clásica de ciencia ficción La guerra de los mundos (1898), de H. G. Wells. Escrita durante el auge de la expansión imperial europea, la novela invierte la lógica de la conquista colonial al imaginar que Gran Bretaña, una potencia imperial de la época, sufre una invasión de marcianos dotados de una tecnología superior. Amorales retoma y adapta esta premisa mediante una serie de frottages que representan el encuentro entre dos especies. Por un lado, pueden verse criaturas híbridas, resultado de la fusión entre humanos y plantas, dedicadas a la agricultura; por otro, seres extraterrestres que dominan y explotan a los agricultores como si fueran ganado. Sin embargo, no todo es opresión en el colorido mundo de Anteparaíso. Los seres que lo habitan —colonizados y colonizadores— también se reúnen, danzan, celebran y copulan entre sí, dando lugar a nuevas formas de vida. Estas escenas desdibujan las distinciones entre grupos opuestos y pueden leerse como una alusión a los procesos de mestizaje, intercambio y resistencia, que han configurado distintas sociedades a lo largo de la historia, particularmente en el contexto del colonialismo.
La naturaleza híbrida de estos seres también se refleja en las técnicas utilizadas para representarlos. Amorales parte de un programa de inteligencia artificial para generar patrones gráficos que recorta para crear plantillas. Estas se colocan debajo de hojas de papel, sobre las cuales frota crayones de cera diseñados para niños, utilizados en la pedagogía Waldorf e inspirados en la teoría del color de Goethe. Mediante esta técnica de frottage, transforma las imágenes generadas digitalmente en dibujos hechos a mano. Este paso de lo digital a lo físico da continuidad a una investigación central en su práctica: la traducción de signos y elementos visuales entre distintos sistemas de representación. Las composiciones resultantes combinan procesos algorítmicos con una técnica táctil y repetitiva, asociada al dibujo y a las primeras etapas de la educación. Mediante esta sucesión de procedimientos, las distinciones entre lo mecánico y lo artesanal, lo artificial y lo orgánico, se vuelven tan inestables como aquellas que separan a las criaturas representadas en Anteparaíso.
La segunda serie que se presenta en la exposición, ThisPersonDoesNotExist, aborda desde otra perspectiva la relación entre la inteligencia artificial y la creatividad humana. Se trata de un conjunto de dibujos de rostros ficticios dispuestos a lo largo de un ciclorama de 360° que rodea al espectador. Su título hace referencia al sitio web This Person Does Not Exist, que utiliza inteligencia artificial para generar retratos fotorrealistas de personas que nunca han existido, a partir de patrones identificados en grandes conjuntos de imágenes de rostros humanos. Este tipo de bases de datos también se utiliza para entrenar tecnologías de reconocimiento facial, estrechamente vinculadas con los sistemas de vigilancia y control actuales. Frente a este proceso automatizado de producción de imágenes, los personajes de Amorales son enteramente producto de su imaginación y están dibujados a mano con los mismos crayones de cera que utilizó en Anteparaíso. Sus rasgos exagerados y formas expresivas se alejan del realismo fotográfico, pero sugieren estados emocionales complejos y personalidades distintas. Al poner en diálogo ambos procedimientos, el artista explora la posibilidad de crear representaciones de seres inexistentes mediante métodos radicalmente diferentes: la recombinación automatizada de información visual y el acto creativo del dibujo.
Dispuestos en una línea continua a la altura de los ojos, los dibujos de ThisPersonDoesNotExist remiten al panóptico, el modelo arquitectónico de vigilancia concebido por Jeremy Bentham en 1791 y analizado posteriormente por Michel Foucault como un mecanismo de poder disciplinario. Sin reproducir literalmente su estructura, Amorales invierte su lógica: aquí, una multitud de rostros parece observar al espectador desde todas direcciones. Quien inicialmente contempla las imágenes se convierte, a su vez, en objeto de una mirada colectiva. Esta inversión genera una situación paradójica en la que la sensación de ser vigilado no proviene de un sistema tecnológico de vigilancia, sino de las figuras que el artista inventa y dibuja: rostros que parecen observarnos, pese a representar seres que no existen.
Por último, en el Project Room de la galería se presenta Paraíso, un tríptico animado a partir de los frottages de la instalación que se muestra en la sala principal. Mediante un programa de animación con inteligencia artificial, Amorales introduce movimientos sutiles en las escenas a partir de una instrucción o prompt que plantea una coreografía de labores agrícolas inspirada en la danza Butoh, caracterizada por movimientos mínimos y carentes de dramatismo. Por su formato de tríptico y los personajes que ahí habitan, la animación hace referencia a El jardín de las delicias (1490–1500), de El Bosco, aunque Amorales se distancia del marco moral y religioso de esta pintura. En lugar de presentar visiones del paraíso y la perdición en el infierno, la animación se centra en personajes cuyos movimientos desdibujan la distinción entre el trabajo del campo y los bailes rituales, evocando la relación entre las tradiciones de la cosecha y las celebraciones paganas. Acompañada por música ambiental de la compositora Daniela Huerta, la obra transforma las imágenes estáticas de Anteparaíso en una coreografía que se desarrolla lentamente, atravesada tanto por la explotación y la violencia como por el deseo y la posibilidad de coexistir.
A lo largo de la exposición, Amorales combina figuras generadas mediante inteligencia artificial, dibujos a mano y animación, dando continuidad a su investigación sobre las formas en las que se construyen y transforman las imágenes y los sistemas de comunicación. En conjunto, Anteparaíso, ThisPersonDoesNotExist y Paraíso exploran tensiones que atraviesan la vida contemporánea, desde las relaciones desiguales de poder hasta las distinciones cada vez más inciertas entre observar y ser observado, entre lo real y lo artificial. En este contexto, el paraíso permanece como una promesa incierta, que remite a nuestro propio mundo, cuyo futuro aún se está imaginando.